lunes, 1 de diciembre de 2008

Mi desvarío por una taza o el apego más absurdo que he tenido


No aparecía. Al principio no le di importancia. El segundo día ya empecé a preocuparme. Mi taza estaba extraviada. La busqué por los gavinetes de la cocina, la busqué en mi cuarto, debajo de mi cama, la busqué en la nevera, detrás del televisor, la busqué otra vez en los gavinetes, en la mesa de mi cuarto, de nuevo debajo de la cama. La busqué, la busqué y la busqué. Al tercer día la busqué por los mismos lugares y por otros. No la conseguía. Mi taza de porcelana negra y boca ancha no estaba. No me di cuenta, sino hasta este momento, lo importante que ella era para mí. En mi taza desayuno cereal todas las mañanas. En ella tomo hasta el agua. Mi taza me acompaña cuando leo el periódico o cualquier libro. A veces no quiero que ninguna persona la utilice. Cuando otros la tienen entre sus manos me inquieto y me da ansiedad. Sé que es raro, loco y hasta enfermizo, pero no quiero que nadie beba de ella. Al cuarto día la seguí buscando y caí en suspicacia y paranoia. Y empecé a desvariar. Pensé que me la habían escondido. Hasta llegué a creer que alguno de mis dos roommates la había roto y no me había dicho nada hasta encontrar otra igual para sustituirla. Ya estaba delirando. Me puse psyco, lo sé y lo reconozco. Pero la necesitaba. Hasta que mi taza apareció debajo de un lote de ollas y platos que se encontraban en el escurridor del lavaplato. Parecía un espejismo. Sentí que volví a respirar con alivio. Otra vez mi taza estaba conmigo. Es unas de esas cosas sencillas a las que me he apegado absurdamnte como un idiota, estoy claro, pero no quiero volver a perderla.

José Roberto Coppola

16 comentarios:

R. dijo...

Esa dependencia que nos causan las pequeñas cosas de la vida:)

Na dijo...

Tuviste suerte. Las mías, cuando desaparecen, es porque fueron a parar a la basura, víctimas de manos resbaladizas.

yacasinosoynadie dijo...

Esos pequeños artefactos se vuelven significativos… yo por ejemplo tengo un separador de libros, un cauchito negro que tiene una diminuta cabeza de ratón de un extremo y del otro pende un bolita a modo de “cola”, fue un regalo muy especial, por algún azar del destino que no busco comprender, lo llamamos Zeus. Si no es Zeus el que esta entre las páginas del libro que estoy leyendo de verdad me cuesta terminar el libro. Menos mal nunca lo he perdido pero el día que pase voy a enloquecer… Lindo post.

Terapia de piso dijo...

R: pequeñas grandes aprenhensiones.
Na: La verdad que sí tuve suerte. No sé que hubiese hecho si llegaba al quinto día sin encontrarla.
Jorge: Sí se vuelven indispensables.

Gracias a todos por pasar por acá.

José Roberto Coppola

El Hombre Blanco dijo...

Sé que no es fácil, pero creo que lo mejor que puedes hacer es una cosa: romperla. Así te librarás de esas dependencias materiales que tanto nos agobian. Yo, en cada mundanza (y he hecho muchas) me he ido librando de esas pequeñas cosas que me ligaban al pasado.
Un saludo

Lauri dijo...

Ah! Esas cosas!!
Yo tengo una taza de plástico de Xuxa (esa mujer rubia que le canta a los nenitos, si) que la tengo desde mi más preciada infancia.

En una oportunidad la quemé, cuando creí que calentar la leche era solamente poner la taza al fuego.
Pero no me importa, y la sigo usando quemada.

Otra vez, la derretí, cuando creí que se iba a bancar el calor del agua hirviendo, para descongelar algo que tenía dentro.
Pero no me importa, y la sigo usando derretida.

No sé qué haré el día que falte. No lo sé, sinceramente.

g. dijo...

A mí me pasó el sábado pasado, estaba lloviendo y yo quería café... me pase buscando un largo rato mi taza celeste, buscando mi taza para café (En otras no puedo cargarla como yo quiero, las otras tazan no besan como mi taza).
Luego, al final... La encontré.
Pero por algún momento me puse realmente mal pensando en otra boca...

Saludos.

Terapia de piso dijo...

Hombre blanco: No sé si pueda romperla. De verdad que no. Entiendo que tenemos que desprendernos de nuestros apegos.Pero también tenemos que estar preparados para hacerlo.
Lauri y G: ya no me siento solo en este pequeño universo de personas que tienen fijación con una taza.

Gracias de nuevo por pasar por acá.

José Roberto Coppola

Lauri dijo...

Y eso que ni te conté que una de mis tazas tiene nombre!! :D

Terapia de piso dijo...

Lauri: genial. Yo le pongo nombre a mis plantas. Pronto escribiré un post sobre eso.

Saludos.

José Roberto Coppola

Igny dijo...

Yo tengo una parecida a la tuya, aunque la boca no es tan ancha. Me la regalaron porque fui a cubrir un desfile de la tienda Keneth Cole en Valencia. Es bonita, no muy grande ni muy pequeña, es exactamente lo suficiente, negra y tiene la firma estampada en pequeñas y sofisticadas letritas blancas, you know.
La usé unos días para el café de la oficina, pero luego decidí que no la arriesgaría a algún resbalón, de modo que resolví que sería un porta lápices condenado a estar a la izquierda del monitor por el resto de sus días.
Una vez, un amigo estaba filmando unas cosillas cerca de mi ofi, y necesitaba una tasa para las tomas, entonces se acordó de la mía y me llamó para pedírmela prestada. Se la confié porque mi amigo es muy responsable, pero le resultó tan curioso que yo monitoreara mi tasa, por teléfono, que cuando me la devolvió, lo hizo con la ceremonia de una coronación... pero lo peor fue que yo la acepté como si de tomar el mando del Estado se refiriese. Jajaja
Ah, y quiero coleccionar tasas cuando tengo mi propio apartamento.
Saludos,
Igny

Terapia de piso dijo...

Igny: esos apegos nos hacen caer a veces en actitudes cercanas a la locura.

Gracias por pasar por acá.

José Roberto Coppola

Valentín dijo...

te creo ... a mi me gusta tener muchas tazas de café, las tengo a montones en mi cocina, te juro que ya no me cabe otra más. pero dentro de tantas que tengo para tomar mi café hay dos favoritas, pero igual si no las veo en el momento, no pasa nada.

Terapia de piso dijo...

Valentín: y ¿si no las ves por varios días?

José Roberto Coppola

Mathilde dijo...

tambien me pasa
cuando viajo dejola mia en el closet de mi pieza, asi me aseguro de que nadie la bote al piso lavandola despues de haberla utilizado....
prefiero mil veces que se me rompa a mi.
y esque aunque ella no la valoró como yo lo hago...es la taza que siempre ocupaba mi mamá cuando yo era chica,estuvo desaparecida mucho tiempo... una vez la encontré en la bodega y la adopté

Terapia de piso dijo...

Mathilde: bienvenida al club de los freak de las tazas.

Gracias por acercarte al blog

José Roberto Coppola