viernes, 19 de junio de 2009

El escape no inminente

Sus ojos color de nuez en el reflejo del vagón tambaleante del metro. La mirada serena y triste que ve a través del cristal. Mi amiga Mónica siempre de pie entre estación y estación, con las manos sujetando el coche en donde lleva abrigada a su pequeña Marcela. Escucha el anuncio en cada parada en ese idioma que todavía no termina de entender muy bien por tantas vocales con puntitos (å ä ö). Y ella allí, con el corazón latiéndole a la velocidad del metro en los rieles. Mira ansiosa a la ventana como si quisiera salir corriendo al país al que tanto extraña. Piensa en su bebé, piensa en su esposo, piensa en ella misma. Las puertas del vagón se abren. Piensa que debe esperar. Las puertas del vagón se cierran. Mónica sujeta con fuerza el coche. Mansa, contenida, aquietada. El metro se mueve furioso. Ella se siente atrapada en su propio presente. Piensa en la carrera de arquitectura que ha dejado a un lado. Cada tanto se abre una estación, una puerta, una escapatoria, una salida. La gente sale, la gente entra. La mirada de Mónica sigue lejos, con la distancia metida en el alma, con los kilómetros en cada pulsación. Su parada aún no se anuncia. Las puertas del vagón se abren. Si tan sólo pudiese llegar en metro a su casa, no a la de ahora, a la de siempre. Las puertas del vagón se cierran. La mirada sigue como en un túnel. Su recorrido le parece infinito. Mónica piensa en idas y venidas, en estadías, en tiempo, en vacíos, en lejanías, en la felicidad, en la paciencia, en boletos de avión, en huidas, en la entrega, en dejarse domar, en calles, en la vida. Piensa en Marcelita que crece tan rápido como si en cada estación se hiciera más grande. Las puertas del vagón se abren. Mónica debe esperar, sabe que tiene que esperar, pero no quiere que esa espera le pese. Las puertas del vagón se cierran. Mónica llora, pero con la expresión de su rostro, sigue con la mirada a muchos metros de distancia, con las ganas de decidir. Pero ahora no puede pensar en singular, debe pensar en tres. Debe pensar en encontrar su fórmula de combatir las millas que la separan de la existencia que está viviendo. Piensa en Suecia, donde vive; piensa en Venezuela, donde vivió. Se abre el vagón: ésta es su estación. Mónica le quita el freno al coche y, abriéndose camino entre la gente que quiere entrar, sale con su bebé, y aunque sabe a dónde va, en realidad no sabe para dónde.

José Roberto Coppola

15 comentarios:

Natalia Astúa Castillo (Natalia Astuácas) dijo...

Cariñooooooooo, hola vine a leerte y dejarte un abrazo.
Besitos también para vos.
Cuidate mucho si.
Seguiré leyendo.

Mónica dijo...

Me desnudaste el alma y el corazon...me conoces tan bien!! aqui estoy con los ojos sollozos leyendo mi realidad...solo se que amigos como tu no voy a encontrar jamas..te quiero muchisimo

Noelplebeyo dijo...

Preciosa historia de Mónica...

Un saludo para los dos

Gastón dijo...

NO hay nada más trágico que viajar en la dirección equivocada.
Mientras el cuerpo para un lado, la mente y el alma para el otro.

Abrazo en la misma dirección

Tony Amesty dijo...

Una preciosa historia.

Buen fin de semana.

Extranjera dijo...

Ay me partiste el alma, que bella historia. Entiendo perfectamente a Monica y es verdad, amigos como tu son dificiles de conseguir. Te adoro

Isabel dijo...

que linda historia . tener la división presente en tu vida, el sentimiento y la razón nos dividen muchas veces

un beso

Zabdi dijo...

Hola JR, esta demasiada buena la descripcion que hiciste de la realidad de mi amiga, te pasaste de elocuente...felicitaciones! me encanto, mientras iba leyendo me la imagine y me concentre tanto que pude sentirlo todo como si fuera yo, super!...me dio mucho gusto conocerte, lastima que viniste por poco tiempo. Espero que estes chevere cuidate mucho, besitos un abrazo.

Galán de Barrio dijo...

muy bello escrito, extraña y difícil situación la que le ha tocado vivir a Mónica

de todos modos, el ser humano es un animal de costumbres

abrazo

*GEORGINA* dijo...

hermosooooo texto!
me encantó!
un abrazo.
georgi

Randy dijo...

"y aunque sabe a dónde va, en realidad no sabe para dónde"

¡Genial frase final!

P.E.P.E. ® dijo...

coincido con el anterior comentario.. la frase aquella es genial!

muy buen texto
un abrazo, estimado José

Mathilde dijo...

cuantas Marcelas habemos....
da gusto pasar despues de tanto tiempo por acá y econtrar algo novedoso y a la vez acertado =o)
saludos!

Lauri dijo...

Tengo una invitación para vos, casi personal.
Pero como no sé dónde ubicarte, te lo comento por acá.
Desde hace poquito tiempo está al aite http://grafematica.blogspot.com

Y creo que podría llegar a interesarte.
Además, escribís lindo. Y me gustaría verte participando.

Cualquier cosa, escribime a la dire que aparece en el perfil de blogger, y te amplio la info.

Besos.

Lau

Terapia de piso dijo...

Natalia: gracias.
Mónica: te quiero muchísimo y te extraño más.
Noel: gracias.
Gastón: que difícil es ir en la diracción contraria.
Tony: gracias.
Extranjera: te extraño que duele.
Isabel: difícil es, la verdad.
Zabdi: espero volver pronto.
Galán: cuánto se necesita para domesticar los ánimos.
Georgina: gracias.
Randy: gracias.
Pepe: gracias.
Mathilde: muchas, de seguro.
Lauri: gracias por la invitación.

Un saludo a todos.

José Roberto Coppola